
Cuando la división y polarización de las fuerzas ha impedido obtener un consenso que implique la posibilidad de articular el inicio de una nueva etapa política, el oportunismo, el descontento y el increparse mutuamente perpetúa la crisis. ¿Cómo comenzar una reconstrucción de una comunidad académica si actuamos con resentimiento, intransigencia y espíritu de secta? La respuesta es simple: con un acontecimiento, un gesto ético, que rompa con el pasado y posibilite abrir un nuevo horizonte de compromisos con San Marcos y el desarrollo del país.
La nueva toma de la Ciudad Universitaria nos lleva obligatoriamente a estas reflexiones. La respuesta a los estertores de la crisis profunda en la que está San Marcos sigue siendo la misma receta ineficaz: imponer a la fuerza lo que debe ser producto del consenso y la concesión mutua. ¿Quiénes tienen la razón? Los estudiantes o las autoridades o ninguno de ellos o hay partes de razón. No lo sabemos, pero lo único de lo que tenemos certeza es que ambos bandos están equivocados. No basta con restablecer el diálogo, se hace necesario que las partes estén dispuestas a realizar conjuntamente gestos de reconocimiento del lado contrario y de los que están al medio, lo que significa instaurar un canal permanente de diálogo para evitar conflictos con el compromiso sincero de respetar lo que se acuerde.
En el caso de las demandas estudiantiles, los cobros excesivos e injustificados que llevaron a la toma, la respuesta debió ser un compromiso serio de parte del Rectorado para revisar el TUPA y por parte de los alumnos el comprometerse a no interrumpir la vida universitaria que perjudica la imagen de nuestra universidad. Reconocer que el TUPA resume, refleja y transmite toda una mentalidad burocrática muy antigua, usualmente elaborado por altos funcionarios y en algunos casos por docentes -lo cual es más grave-, en cargos administrativos, carentes de una visión de universidad moderna, tiene que ir aparejado de un reconocimiento por parte de las dirigencias del perjuicio que acarrea para todos las tomas prepotentes del ámbito académico.
Proponemos en la situación de transición y crisis de la decana de América que las diversas agrupaciones docentes diseminadas y el gobierno del actual rectorado asuman una postura de gestos éticos de apertura y diálogo para convocar a todas las fuerzas académicas, sin distinciones políticas, deponiendo actitudes de confrontación y de imposición autoritaria, en la elaboración de un Plan Estratégico de Desarrollo Académico y de Investigación de acuerdo a los estándares de calidad de la educación superior a nivel mundial en un plazo máximo de un año.
En el caso de las Facultades, el gesto debe girar en torno a las necesidades estudiantiles y de sus docentes por encima de los cargos y representaciones. Si existe voluntad de atender dichas demandas, obviadas por años, así como si se busca respetar las normas y procedimientos establecidos, se debe desterrar los gestos burocráticos, autoritarios e ilegítimos por parte de sus autoridades locales.
Tal vez lo que proponemos parezca una posición conciliadora y cada parte nos acuse de habernos “vendido al enemigo”. En el plano ideológico, tenemos grandes discrepancias con los colegas de los grupos protagonistas de esta ingrata situación, pero jamás hemos puesto en cuestión el respeto hacia cada organización. En Letras y Números: Consenso, Ética y Responsabilidad, discutimos ideas, no personas como hemos demostrado en diversas ocasiones. Casi siempre expresamos nuestra opinión con pasión y convicción, mas no por inquina interior ni mala sangre. Para nosotros comunidad académica no es pensamiento común y homogéneo –que sería horrible y aburrido–, sino sentimiento compartido por San Marcos y la actividad académica.
Ojalá nuestra propuesta sea acogida por los sanmarquinos de buena voluntad y huesos fidedignos.
Aumento a los profesores vs homologación.
Los recientes anuncios de aumento solo a los profesores auxiliares y asociados no solo reflejan una total desconsideración, discriminación y respeto hacia los profesores principales y a los mismos profesores auxiliares y asociados que aspiran a ser profesores principales, como si estos ganaran mucho, sino que han puesto en segundo plano el reclamo por la justa homologación para el docente sanmarquino. No hemos visto ningún pronunciamiento, ni de los órganos colegiados, ni de los gremiales, en favor de los profesores principales. Acaso no será posible ponernos de acuerdo sobre este punto.
Hace unos días el presidente de la República, Pedro Pablo Kuczynski declaró a la prensa: “San Marcos, la Agraria y la UNI son fundamentales para el futuro del Perú”. Nos preguntamos, por qué solo nos quedamos con la frase del presidente y no le tomamos la palabra. No puede haber educación de calidad con sueldos del orden de los ochocientos dólares cuando en los países de la región oscilan alrededor de los cuatro mil dólares.
Es evidente que para plantear nuestros justos reclamos es necesario cuidar la imagen institucional siempre abierta al diálogo democrático, alejada de acusaciones de vinculaciones terroristas y de discriminaciones a estudiantes universitarios, ávidos de una formación profesional, solo por haber estudiado durante su edad escolar -de dependencia familiar- en colegios particulares. Y es que para los jóvenes estudiantes universitarios, la universidad significa el inicio de la adultez como una nueva etapa de sus vidas, de generación de autonomías, independencias y aprendizajes para la formación de un nuevo ciudadano, que el Estado debe cuidar, que justifican plenamente la gratuidad de la enseñanza.
La imagen de San Marcos de universidad de excelencia e investigación pertinente para la atención de los grandes problemas nacionales y el desarrollo del país requiere ser fortalecida a partir de un cambio de actitudes de sus docentes, estudiantes, egresados y autoridades.
¡San Marcos compromiso de todos!
Lima, 1° de abril de 2017.
