SAN MARCOS TAREA DE TODOS

Totalmente congruente con el escenario nacional, las últimas elecciones en San Marcos abren un periodo de expectativa y de inquietud. Evidentemente, debemos reconocer que un amplio sector de la comunidad académica ve con desconfianza los cambios y amparados en la ilusión de regresar en el tiempo buscarán mantener todos sus derechos adquiridos en la anterior Ley. Sería pernicioso que la adecuación a la 30220 se interprete e imponga en tal sentido, en una etapa de internacionalización de la educación superior, que puede hacernos retroceder aún más como Universidad Decana del continente y simultáneamente detener el crecimiento del país.
Luego de un acto político simbólicamente tan importante como el sufragio para elegir a los integrantes de la Asamblea Estatutaria, cada una de las organizaciones participantes lee los resultados desde un punto de vista propio. Cada fuerza política interpreta el acto según una óptica inseparable del tipo de práctica que ejerció en el proceso y su lectura es también congruente con su postura ideológica. Apenas conocidos los resultados, esa misma noche del domingo 3 de abril, las evaluaciones se dieron principalmente en forma oral y posteriormente en forma escrita sobre todo de parte de los frentes que obtuvieron las mayores votaciones.
Nuestro Movimiento Docente Letras y Números, distanciado de las prácticas y lecturas apresuradas, plantea que la interpretación de los resultados exige una cuestión previa de una ética de la lectura que incluya en la evaluación propia nuestra relación con San Marcos e incluso con los otros movimientos en general. Esto significa hacernos parte de la interpretación, en cuanto a sujetos de un acto que explicita la condición fundamental de nuestra propia realización: el ser parte del objeto descrito. Desde esta perspectiva evaluemos el significado del proceso no desde una lógica de sumas y restas; es decir, dando prioridad a los resultados, cuyo supuesto contenido refrenda el actuar corporativo en armonía con las direcciones política dominantes basadas en el clientelaje y el reparto de cargos, sino desde aquello que nos interpela en tanto sanmarquinos inmersos en la problemática dura y descarnada de la peor crisis de nuestra historia académica.
Consideramos que la experiencia democrática de las elecciones del domingo 3 de abril muestra que pudo más la voluntad y la necesidad de los docentes y estudiantes por mostrar una imagen de adecuación a la Ley Universitaria vigente, pero no necesariamente interesados en aprobar un nuevo Estatuto, moderno y responsable, que aproveche esta ocasión para incorporarnos a la tendencia que busca seriamente una mejor educación universitaria nacional. La falta de conciencia de este hecho entre las organizaciones participantes y la amena celebración de los resultados nos dicen, a través de la inconsciencia e indiferencia, del atraso que explicitamos como comunidad académica frente a los graves problemas que enfrentamos. Estas elecciones han sido dominadas por prácticas sectarias, básicamente electoreras y caudillistas, puestas de manifiesto en el predominio absoluto de las estrategias de participación en listas o frentes, hegemonizadas por una burocracia política. Estas organizaciones, en muchos de los casos, se han agrupado no a partir de ejes programáticos o de propuestas frente al futuro de la Universidad Mayor del Perú, patente en la pobreza y ausencia de los programas de casi todas las listas, también en la inexistencia de debates y diálogos al respecto, sino que han surgido apresuradamente sobre la base de acomodos entre ilustres y soberbias personalidades y sectores corporativos esencialmente burocráticos.
El que compitan en el triunfalismo ante el resultado electoral expresa en un solo acto la continuidad sin fisuras del autoritarismo, oportunismo e infantilismo de los movimientos participantes. Para estos grupos lo que viene se resume en más de lo mismo y su aparente proclama del inicio de una nueva era en la historia de la universidad Decana de América o el declarar que siguen unidos en la lucha por la defensa de la autonomía anterior solo ratifica que para el conservadurismo dominante todo cambio en nuestra universidad solo significa un cambio nominal, de nombres y personas, pero una idéntica práctica oportunista, monológica e impositiva. No se quiere ver estos signos de la crisis honda de nuestra universidad, así como el alto porcentaje de frustración que evidencian los datos del proceso: una mayoría de ausentismo, votos blancos y viciados en estudiantes; un porcentaje alto de votos blancos y viciados en docentes que convierte a los desencantados en el primer movimiento político de San Marcos; y, sobre todo, la intolerancia unánime compartida ante la ausencia de una palabra crítica por la plena, absoluta y muda ausencia de debate, propuestas y voluntad de consenso.
A nuestro juicio se abre un tiempo de diálogo y articulación, de esclarecimiento y debate que tiene que apelar a la conciencia de los cuadros más jóvenes para que dejen de lado su postura anuente y pasiva, porque aquello que está en juego es su propio futuro en nuestra centenaria universidad. Hoy más que nunca tenemos que buscar consenso y actuar con responsabilidad. Hay, como diría Vallejo, hermanos, muchísimo de hacer. Dale cuerda a tu brazo.
